Monday, April 24, 2006

No todo lo que brilla es oro
El alto precio del metal rojo ha influido negativamente en el tipo de cambio,
y amenaza con afectar las exportaciones.

Si días atrás el Cobre era sinónimo de felicidad,
hoy se ha transformado en un verdadero dolor de cabeza para las autoridades.

La economía chilena hace tiempo que viene emitiendo señales positivas. Prueba de ello son los índices que demuestran una caída del desempleo, a la vez que se produce un crecimiento sostenido de las áreas productivas. Esto ha permitido que Chile refuerce su imagen en el exterior como un país sólido y próspero, asegurando la firma de tratos comerciales como los sucritos durante la administración del ex presidente Lagos.
Pero esta buena imagen y, ciertamente, solidez económica, se la debemos en gran parte a un precio del cobre de características atmosféricas que batiendo todos los records y expectativas, se ha instalado cómodamente en los US$ 3 por libra hace un par de días atrás, alcanzando un promedio semanal cercano a los US$ 2,60 por libra.
Esta fiebre por el metal rojo en las bolsas de valores, se explica por el crecimiento inusual de la actividad económica en el mundo propiciada por países como Rusia, India y China, quienes han aumentado el consumo de bienes y servicios, especialmente del cobre.
El escenario es aún más claro si se considera que las minas y empresas exportadoras más importantes del mundo, entre ellas Codelco, han tenido problemas de producción, lo que ha provocando que la demanda sobrepase a la oferta, y con ello el precio del metal aumente considerablemente.
Y si de cuentas alegres se trata, los beneficios recaerán directamente en las arcas fiscales quienes recibirán una vez finalizado el año, entre US$ 6.300 a 7.000 millones a causa del alto precio del cobre.
Aún cuando el actual programa social del gobierno se elaboró en base a los 99 centavos la libra, el nuevo monto concede tranquilidad tanto a Bachelet como aquellos sectores inseguros acerca del financiamiento del mismo.
Pero no todo es felicidad ni buenas noticias. Porque más allá de convertirse en la nueva “gallina de los huevos de oro”, la buena posición del cobre en el concierto internacional ha provocado que el mercado nacional se inunde de dólares y el precio de los mismos se arrastre por el suelo.
Tal es así que durante la segunda semana de abril registró un valor de $515, lo que convierte a la divisa norteamericana en un enfermo terminal que requiere ser intervenido y de paso, se transforma en un verdadero dolor de cabeza para las autoridades que hasta hace poco sonreían.
Preocupados por la situación, el sector empresarial - el más afectado con la baja del dólar - y parlamentarios de todos los sectores, han emplazado al Gobierno y al Banco Central para que intervenga el tipo de cambio a modo que este frene su caída, y deje de impactar negativamente en las exportaciones del país.
A pesar de los intentos del actual Ministro de Hacienda, Andrés Velasco, por apaciguar los ánimos al anunciar medidas de intervención de carácter indirecto tales como modificar el proyecto de responsabilidad social y el fondo del cobre, las propuestas del personero resultan insuficientes.
A juicio del economista del Instituto Libertad y Desarrollo, Rafael Sánchez, el gobierno tiene dos vías para solucionar la baja del dólar.
La primera de ellas sería situar los excedentes del cobre en el Banco Central, lo que permitiría estabilizar el mercado interno al evitar el descenso en el precio del dólar.
Lo negativo de esta opción es que en el B.C. no se obtendría rentabilidad alguna, situación que no es conveniente cuando un país decide ahorrar para hacer frente a situaciones adversas que pudieran desarrollarse en el futuro.
El segundo mecanismo consiste en invertir en el extranjero para así obtener ganancias, al tiempo que se estabiliza el tipo de cambio.
Para Sánchez, un modelo a reproducir sería el utilizado por el Banco Central de Noruega, quien invierte un porcentaje de los excedes de ese país en los diferentes tipos de cambio – dólares, euros, yen- y el resto en acciones y bonos.
El mecanismo sugerido por el economista del LyD, implica correr ciertos riesgos pero sobre todo, someterse a la inestabilidad de un mercado internacional volátil y permeable a los conflictos armados que se puedan desarrollar, y que amenazan con subir el precio del petróleo e influir en el dólar.
Lo cierto es que más allá de batir records y aumentar las arcas del fisco en dimensiones que ni el mejor de los pronósticos previó, el alto precio del cobre puede transformarse en un arma de doble filo - al propiciar que el tipo de cambio continúe bajando y las exportaciones se resientan - esto si es que las autoridades competentes no actúan a tiempo, tal como su nombre lo indica.

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